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jueves, 14 de enero de 2010


Aquella mestiza humana era la cosa más sensual que había tenido cerca en su vida. Y había apagado una o dos hogueras en algún tiempo.
Era el humo rojo. Tenía que ser eso. Y debía de estar afec­tándolo a él también, porque estaba más que dispuesto a tomar a la hembra.
Miró el cigarrillo.
Bien, un razonamiento muy profundo, pensó. Lo malo era que aquella maldita sustancia era relajante, no afrodisíaca.

1 comentario:

DANIELITA dijo...

a este libro le doy un 10 definitivamente a autora combina la accion el romance incluso visiones sanguinarias y muy sexuales humor negro y mucho placer